El papel transformador de Oriente Medio y África del Norte en un panorama energético en evolución

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Por Francesco La Camera, director general de IRENA

La región de Oriente Medio y Norte de África (MENA) ha liderado la producción de combustibles fósiles durante décadas, lo que ha generado un enorme crecimiento económico.

Sin embargo, el crecimiento impulsado por los combustibles fósiles ha demostrado ser insostenible tanto para las personas como para el planeta.

A medida que avanza el reloj de la acción climática y la comunidad internacional se apresura por reducir las emisiones de carbono, la región MENA está redefiniendo su papel dentro de un panorama energético en constante evolución, en el que los combustibles fósiles desempeñan inevitablemente un papel cada vez menos importante.

Hoy en día, incluso sin subvenciones, la energía solar y la eólica son competitivas en términos de costes con los combustibles fósiles y se han convertido en las opciones preferidas para la nueva generación de energía. De hecho, las energías renovables representaron el 86 % de toda la nueva generación de energía en 2022.

Esta tendencia no solo va a continuar, sino que se está acelerando significativamente, extendiéndose incluso más allá de los sectores energéticos.

Para los países de Oriente Medio y África del Norte, la transición hacia un sistema energético basado en las energías renovables ofrece una vía para satisfacer la creciente demanda energética, promover el crecimiento económico, maximizar los beneficios socioeconómicos y alcanzar los objetivos de descarbonización, todo ello al mismo tiempo.

Conscientes de ello, los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) no se quedan de brazos cruzados. En un cambio estratégico hacia una mayor ambición climática, naciones como Baréin, Kuwait, Omán, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos han adoptado objetivos de emisiones netas cero.

Según el informe Perspectivas de la Transición Energética Mundial 2023 (WETO), la capacidad mundial de energía renovable debe triplicarse, pasando de aproximadamente 3000 GW a algo más de 11 000 GW para el año 2030.

El mundo parece estar alineándose para alcanzar este objetivo con los países del G7, que han adoptado los objetivos de la IRENA para el grupo, y más recientemente, los países del G20, incluido el Reino de Arabia Saudita, que se han hecho eco del objetivo global de la IRENA de triplicar la capacidad de energía renovable en Nueva Delhi.

No obstante, el objetivo de triplicar la capacidad de energía renovable no se limita únicamente a estos países, sino que es un objetivo global que requiere esfuerzos concertados a nivel regional para garantizar que todos los países estén adecuadamente representados y participen.

Como hito importante en el camino hacia la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP28) de 2023 en Dubái, la Semana del Clima de Oriente Medio y Norte de África en Riad supone una oportunidad significativa para fomentar la unidad regional en toda la región de Oriente Medio y Norte de África e impulsar una acción coordinada, con miras a forjar un consenso global en la COP28.

Recientemente, los Emiratos Árabes Unidos se han sumado a este ambicioso objetivo y se han comprometido a triplicar su capacidad de energía renovable para 2030. Esta iniciativa es especialmente notable, ya que el país se prepara para acoger la COP28, lo que refleja un compromiso genuino de predicar con el ejemplo.

Generar impulso político y compromiso es un primer paso fundamental, pero solo es el principio. Todo, desde nuestras comunidades y marcos energéticos hasta nuestra vida cotidiana, está anclado en el sistema energético actual. Sin embargo, esto tiene que cambiar.

Necesitamos el valor para crear una nueva realidad y convertir las promesas en proyectos y acciones.

El WETO de IRENA prevé tres pilares que constituirán la base para avanzar.

En primer lugar, construir la infraestructura necesaria e invertir a gran escala en redes, tanto por vía terrestre como marítima, para dar cabida a nuevas ubicaciones de producción, patrones comerciales y centros de demanda.

Debido a su abundancia de energía renovable de bajo coste y a su ubicación geográfica estratégica cerca de Europa y Asia, la región MENA posee una ventaja competitiva para convertirse en un centro clave de hidrógeno verde. El desarrollo de un sistema que cultive y amplíe este potencial será crucial para la región.

En este sentido, es fundamental que las instituciones financieras internacionales y los bancos multilaterales de desarrollo prioricen estratégicamente sus recursos para maximizar el impacto, especialmente en la mejora de la infraestructura física de la región, con el fin de fomentar el aumento de las inversiones privadas.

En segundo lugar, los objetivos ambiciosos deben ir acompañados de políticas y normativas eficaces que fomenten las inversiones. Las inversiones en combustibles fósiles en Oriente Medio siguen siendo significativamente superiores a las inversiones en energías renovables, lo que indica la urgente necesidad de alinear los flujos financieros con los ambiciosos objetivos climáticos.

Aunque los combustibles fósiles seguirán formando parte inevitablemente de la combinación energética durante algún tiempo, su cuota debe disminuir drásticamente a medida que nos acercamos a mediados de siglo.

La tercera prioridad es desarrollar las capacidades institucionales necesarias para garantizar que las habilidades y capacidades se ajusten al sistema energético que aspiramos crear. Esto es fundamental no solo para una transición justa, sino también para garantizar que la fuerza laboral esté preparada para un nuevo sistema.

Las economías importadoras de petróleo de la región MENA presentan niveles más elevados de desempleo juvenil, lo que requiere una amplia formación, educación y desarrollo de capacidades.

Al mismo tiempo, los países exportadores de petróleo deberán prestar especial atención a las políticas destinadas a reciclar a los trabajadores y crear nuevas oportunidades de empleo mediante el fomento de las industrias y la manufactura locales, sustituyendo así las funciones que antes desempeñaban los sectores energéticos.

Tras haber acogido la COP27 en Egipto el año pasado, y con la COP28 prevista para finales de este año en Dubái, la región MENA tiene ante sí una oportunidad única. Puede garantizar que el sistema energético emergente no solo se adapte, sino que también aproveche el abundante potencial de energía renovable de la región y su proximidad geográfica estratégica a los principales mercados mundiales, asegurando así su posición en un panorama energético en constante evolución.

El camino a seguir, aunque exige una planificación, inversión y colaboración exhaustivas, revela un futuro prometedor en el que el desarrollo es inclusivo y beneficioso, y protege los intereses de todas las naciones y las generaciones futuras.

Este artículo de opinión apareció por primera vez en Arab News el 12 de octubre de 2023.

 

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