La reforma de las infraestructuras es clave para acelerar la transición energética de África

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En los próximos años, esto significa superar urgentemente las barreras estructurales en tres áreas prioritarias: infraestructura, políticas y capacidades institucionales.

Las inversiones continuadas en infraestructuras de transmisión transfronterizas y la intensificación del comercio de electricidad pueden aportar más flexibilidad para lograr una estructura de generación diversificada e inteligente y dar cabida a una alta proporción de energías renovables variables, mejorando así la fiabilidad y la resiliencia de la red eléctrica africana.

Para lograr esta transformación, en 2021 la Unión Africana puso en marcha el Mercado Único Africano de la Electricidad (AfSEM), cuyo objetivo es crear uno de los mayores mercados eléctricos del mundo para 2040.

El Plan Maestro del Sistema Eléctrico Continental (CMP), en el marco del cual IRENA colabora con AUDA-NEPAD, sirve de modelo y respalda el establecimiento de un proceso de planificación a largo plazo a escala continental para la generación y el transporte de energía eléctrica en el que participan las cinco redes eléctricas africanas.

La implementación de este ambicioso plan será una tarea titánica, que requerirá un nivel extraordinario de recursos financieros, una carga que las naciones africanas no pueden asumir por sí solas. Como dejó claro el presidente de Kenia, William Ruto, en la reciente presentación de la Asociación Acelerada para las Energías Renovables en África (APRA), facilitada por la IRENA, la cuestión no es si África tiene la ambición, sino cómo convertir esa ambición en realidad.

La transición energética requiere una gran inversión pública para impulsar un cambio sistémico y construir la infraestructura física necesaria para desarrollar un nuevo sistema energético basado en las energías renovables. Aquí es donde entran en juego las instituciones financieras multilaterales.

Durante demasiado tiempo, las instituciones se han centrado en los síntomas en lugar de abordar las causas fundamentales. Si bien la financiación de proyectos individuales —ya sean a gran escala o fuera de la red— es crucial, sin los cambios estructurales necesarios, este enfoque no es integral. No puede aspirar a atraer el capital suficiente para transformar de manera fundamental la realidad energética del continente y alcanzar sus objetivos de desarrollo socioeconómico. Es necesario un cambio de enfoque.

Es hora de replantearse cómo funciona la cooperación multilateral y de reforzar la colaboración entre el Norte Global y el Sur Global. Es necesario reformar la forma en que se conceden los préstamos. Se debe dar prioridad a la construcción de infraestructuras físicas de apoyo, la mejora de las capacidades locales y la creación de cadenas de suministro locales que aprovechen los abundantes materiales críticos de África. Todo ello debe hacerse de manera que se añada valor económico a los países africanos.

Solo el 2 % de las inversiones mundiales en energías renovables de las últimas dos décadas se realizaron en África. La reciente iniciativa anunciada por la Presidencia de la COP28 durante la Semana del Clima de África supone un hito importante para el continente. El compromiso de 4500 millones de dólares estadounidenses para desarrollar energía limpia en África no solo es una suma significativa, sino que también tiene como objetivo abordar las principales barreras de la transición energética, incluidas las necesidades de infraestructura del continente.

A finales de este año, en la COP28, se celebrará en los Emiratos Árabes Unidos el primer balance global desde el Acuerdo de París. En este evento se evaluará la brecha que sigue existiendo entre los compromisos climáticos y las medidas adoptadas. Sin embargo, este momento también nos brindará la oportunidad de trazar un nuevo rumbo.

A medida que nos acercamos a este momento crucial de la historia, es imperativo que construyamos un discurso orientado a la acción que aborde los principales obstáculos. Hacerlo nos permitirá dar pasos significativos para mantener el aumento de la temperatura dentro del límite de 1,5 grados centígrados.

Este artículo de opinión apareció por primera vez en The Standard el 11 de septiembre de 2023.

 

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